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Se conocieron en un ferry entre Napoles y Palermo — tres anos despues

By admin Feb 14, 2026 6 min read
Se conocieron en un ferry entre Napoles y Palermo — tres anos despues

Un ferry nocturno, una cubierta con viento frio, un cigarrillo compartido. Lo que parecia un encuentro de turistas fue el principio de algo mas largo.

Habia viento frio en la cubierta del ferry y casi nadie a esas horas. Salian de Napoles a las ocho de la tarde, llegada prevista a Palermo a las seis y media de la manana. Carolina, de Cadiz, habia comprado el pasaje de cubierta porque el camarote le parecio caro. Diego, de Medellin, estaba mochileando por Europa en su segundo mes y habia hecho el mismo calculo. Se encontraron apoyados en la misma baranda, mirando las luces de la costa alejarse.

El cigarrillo compartido

Carolina no fuma, pero esa noche habia comprado un paquete de Lucky Strike en el puerto por aburrimiento. Diego fumaba a veces. Se pidieron fuego mutuo aunque ninguno de los dos tenia encendedor. Alguien a tres metros les prestó uno. Esa anecdota, la de que ninguno de los dos fumaba realmente pero fue su excusa para hablar, se convirtio en el chiste recurrente de su relacion durante anos.

Hablaron hasta las dos de la manana en espanol, ella con acento andaluz fuerte, el con acento paisa, los dos riendose de lo que no entendian. Hablaron de sus viajes, del trabajo que cada uno dejo atras, del miedo que le tenian ambos a volver a las rutinas de antes. Cuando finalmente se tumbaron en sacos de dormir diferentes en la cubierta, se dieron los numeros de telefono con esa promesa tipica de "te escribo, seguro".

El primer mes: tres mensajes

Se escribieron tres veces en el primer mes. Un mensaje de ella cuando llego a Cadiz. Un audio de el desde Barcelona. Un saludo de ano nuevo de Carolina, sin mucha respuesta. Los dos pensaron que se habia quedado en eso. Otro encuentro mas de viaje, de esos que se archivan en la memoria con nostalgia pero sin consecuencia.

Lo raro fue lo que paso en marzo del ano siguiente. Diego, que llevaba cinco meses ya en Berlin trabajando en un restaurante colombiano, vio que una amiga subia fotos de un fin de semana en Cadiz. Le escribio por instinto a Carolina: "Eh, una amiga mia esta en tu ciudad, ¿que le recomiendas hacer?". Carolina respondio con una lista larga. Al final puso: "y si vienes tu tambien, te muestro yo".

La segunda vez

Diego llego a Cadiz tres meses despues, con mochila, sin plan. Se quedo en casa de Carolina, en el sofa. Durmio ahi dos noches. La tercera no. Todavia recuerdan la caminata por la playa de La Caleta al atardecer, la cena en un chiringuito, y esa conversacion de madrugada en el que los dos admitieron que se habian acordado mas de lo esperado.

Pasaron juntos diez dias. Diego extendio su vuelta a Berlin. Cuando se fue, los dos sabian que esa vez si iba a haber continuidad.

Los nueve meses de distancia

Berlin y Cadiz no estan demasiado lejos geograficamente, pero el salario de Diego en un restaurante no le daba para vuelos constantes. Hicieron cuatro visitas en nueve meses: dos veces el, dos veces ella. Entre visitas, videollamadas dos veces por semana, y un calendario compartido con una fecha de reencuentro siempre visible. "Ver en pantalla que faltaban 47 dias, no un 'pronto', era lo que nos mantenia con vida", dice Carolina.

La relacion a distancia les puso a prueba cosas que no se habian preguntado cuando se conocieron. Diego es vegetariano desde hace diez anos. Carolina es de familia pescadora de Cadiz, con cena de pescado frito semanal. Discutieron dos veces sobre eso, no por la comida, sino por lo que representaba: como adaptarse al otro sin borrarse a uno mismo.

La decision geografica

A los doce meses despues del ferry, empezaron la conversacion dificil: ¿donde vivirian si decidian vivir juntos? Berlin tenia trabajo pero idioma duro y frio. Cadiz tenia calor y familia pero poco trabajo en lo que hacia Diego. Medellin era imposible para Carolina por razones personales. Valencia salio como tercera opcion: clima bueno, precios todavia razonables comparados con Barcelona o Madrid, comunidad latina grande, red de amigos de los dos.

A los dieciocho meses se mudaron juntos a Valencia. Alquilaron un piso pequeno en Ruzafa, compartieron gastos, cada uno busco trabajo por su lado. Diego encontro un puesto en un restaurante vegetariano, Carolina en una consultora de turismo.

Lo que aprendieron, tres anos despues

Hoy, casi tres anos desde aquella noche del ferry, viven todavia en Valencia. Ya no en Ruzafa sino en Benimaclet, en un piso mas grande con balcon. Tienen un gato que adoptaron juntos hace un ano. Esta es parte de la conversacion que nos dejaron cuando los entrevistamos:

"Si alguien me hubiera dicho esa noche en el ferry que esa persona con la que compartia cigarrillo iba a ser mi pareja, me hubiera reido. Pero creo que lo que funciono fue que no empezamos con la idea de que 'esto va a ser algo'. Empezamos hablando sin plan. Y eso quito presion a todo lo que vino despues." — Carolina
"Lo que me salvo fue la honestidad temprana. A los dos meses de hablarnos en serio, le dije: 'mira, yo no puedo prometer volver a Cadiz porque no tengo vida ahi. Si esto sigue, vas a tener que considerarlo'. Y ella me contesto que ya lo habia pensado. Esas conversaciones incomodas no hay que evitarlas. Son las que permiten construir." — Diego

Lecciones practicas que dejan para otros

Y el ferry

Volvieron al ferry Napoles-Palermo en 2025, dos anos despues del encuentro original. Carolina dice que fue un poco decepcionante, que la cubierta estaba llena de turistas ruidosos y que apenas pudieron hablar tranquilos por el viento. Diego se rio y le dijo: "la magia de aquella noche no era el ferry, era que no nos conociamos. Ahora todo sitio es ese sitio".

Las historias asi, las de gente que se encuentra por casualidad y termina construyendo algo, son mas comunes de lo que parece. Lo que diferencia las que duran de las que no suele no ser la magia del encuentro sino la paciencia de los meses que vienen despues.

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